El hombre fue localizado desorientado después de conducir hasta Burgos y preguntar por el camino hacia la playa de Málaga
La desaparición de Francisco, un hombre de 92 años residente en la provincia de Cádiz, terminó de la forma más inesperada. El anciano salió el domingo por la mañana a dar un paseo, como hacía habitualmente, por la zona de Pueblo Nuevo de Guadiaro, en San Roque, pero no regresó a casa. Horas después, su familia denunció su desaparición y comenzó un dispositivo de búsqueda que inicialmente se centró en los lugares que solía frecuentar.
Sin embargo, Francisco se encontraba muy lejos de allí. El hombre, que presenta principios de demencia, había emprendido un viaje en coche que le llevó hasta Miranda de Ebro, en la provincia de Burgos, a más de 1.000 kilómetros de su domicilio.
La familia apenas contaba con pistas sobre su paradero. Una de ellas llegó a través de un movimiento de su tarjeta bancaria: Francisco había realizado un pago en una gasolinera de la provincia de Jaén durante la mañana del lunes. La distancia recorrida hizo que sus familiares incluso llegaran a plantearse la posibilidad de que hubiera puesto rumbo a Francia, país al que emigró durante su juventud.
La respuesta estaba, finalmente, en Miranda de Ebro. El anciano llegó hasta el aparcamiento de un tanatorio de la localidad y allí se dirigió a varias personas para preguntarles cómo podía llegar hasta la playa de Málaga. Su evidente desorientación llevó a los presentes a avisar a la Policía Local.
Los agentes comprobaron su documentación y pudieron determinar que Francisco procedía de Cádiz. A partir de ahí comenzaron las gestiones para localizar a sus familiares, hasta confirmar que se trataba del hombre cuya desaparición había sido denunciada en Andalucía.
El desenlace puso fin a la angustia de sus allegados, que pudieron comprobar que, pese al largo trayecto, Francisco se encontraba en buen estado físico. Finalmente, pudo emprender el regreso a Cádiz acompañado en una ambulancia de su seguro.
La familia encuentra una posible explicación a ese sorprendente desplazamiento en la propia historia del nonagenario. Durante casi cinco décadas trabajó como mecánico en Francia y, durante años, recorrió con los suyos la península de norte a sur para pasar los veranos en Andalucía. Tras jubilarse, se estableció definitivamente en Cádiz.
Ahora sus familiares creen que, de alguna manera, Francisco pudo haber vuelto a recorrer una ruta que conocía de sobra después de haberla realizado durante buena parte de su vida. Un viaje de cientos de kilómetros que terminó en Miranda de Ebro y que, pese al enorme susto provocado a sus allegados, tuvo un final feliz.
Cuando regresó a casa, además, Francisco dejó claro que el largo trayecto no le había hecho perder el apetito: una de sus primeras peticiones fue un plato de jamón.