El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la vida cotidiana de los primeros habitantes de la ciudad romana y revela la convivencia de tradiciones indígenas y romanas
La campaña arqueológica desarrollada en agosto en el yacimiento de Sasamón (Burgos) ha sacado a la luz una antigua cocina romana fechada entre finales del siglo I a. C. y comienzos del I d. C. El hallazgo forma parte del proyecto de investigación que desde hace una década impulsan el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM, centro mixto CSIC-Junta de Extremadura) y la Universidad de Salamanca para estudiar la evolución histórica de la antigua Segisamo y su territorio.
Las excavaciones realizadas en el solar de La Era, junto a la iglesia de Santa María la Real de Sasamón, han permitido identificar diversas estructuras pertenecientes a la primera fase de ocupación de la ciudad romana. Entre ellas destaca la estancia que los investigadores identifican como una posible cocina doméstica, un espacio excepcional para conocer cómo vivían y se alimentaban los habitantes de la localidad hace aproximadamente 2000 años.
Los arqueólogos han documentado restos de un posible horno, niveles de cenizas y carbones, además de abundante material relacionado con la preparación y el consumo de alimentos. Entre los objetos recuperados figuran grandes recipientes para almacenamiento, jarras, cuencos, morteros, ollas y fragmentos de un clibanus, un pequeño horno portátil utilizado para la cocción del pan. El conjunto constituye una interesante evidencia de la actividad doméstica en los primeros momentos de la ciudad romana.
“Tenemos una imagen un tanto idealizada de las ciudades romanas como espacios monumentalizados, pero rara vez en espacios domésticos y productivos nos vamos a encontrar con mosaicos y paredes pintadas”, señala José Manuel Costa García, de la Universidad de Salamanca, al referirse a una construcción modesta cuyos muros de adobe se levantaban sobre zócalos de piedra y cuyos suelos estaban realizados con materiales sencillos y funcionales.
Los materiales recuperados muestran, además, la coexistencia de distintas formas culturales. Junto a cerámicas importadas o inspiradas en modelos itálicos aparecen piezas vinculadas a las tradiciones de la población indígena turmoga. “En época de Augusto y Tiberio vivían en Segisamo personas cuyas prácticas culinarias eran plenamente romanas, pero esto no significa que todos los habitantes de la ciudad fuesen foráneos, pues algunas de las cerámicas siguen la tradición turmoga”, destaca Jesús García Sánchez, investigador del IAM. Según los investigadores, esta combinación refleja el proceso de transformación social y cultural que experimentó el territorio tras la llegada de Roma y ayuda a comprender mejor la identidad de quienes habitaron la ciudad.
La campaña también aporta nuevos datos sobre la ocupación histórica del enclave a lo largo de los siglos. Bajo los niveles romanos han aparecido indicios que podrían corresponder a ocupaciones de la Edad del Hierro, mientras que en capas más recientes se han documentado restos de época medieval, moderna y contemporánea. Entre estos descubrimientos destaca una pequeña necrópolis del siglo XIX cuya existencia era prácticamente desconocida hasta ahora.
Junto con la excavación arqueológica, el proyecto ha desarrollado una intensa labor de prospección mediante tecnologías no invasivas. El uso de drones equipados con distintos sensores, así como de georradar y magnetómetro, ha permitido localizar nuevas evidencias arqueológicas en distintos puntos de la comarca sin necesidad de intervenir directamente sobre el subsuelo. Estas técnicas han identificado desde pequeños asentamientos rurales de época romana hasta un posible poblado prehistórico que amplía en varios milenios la secuencia cronológica conocida para este territorio burgalés.
Los resultados presentados este año coinciden con el décimo aniversario de un proyecto que se ha consolidado como referencia en la investigación arqueológica en Castilla y León. Liderado por equipos del Instituto de Arqueología de Mérida y la Universidad de Salamanca, el programa combina investigación, innovación tecnológica y formación de jóvenes especialistas para reconstruir la historia de la antigua Segisamo y su entorno desde la Prehistoria hasta la Edad Contemporánea.