La intervención ha permitido limpiar y consolidar la construcción del siglo XVI, recuperar elementos deteriorados y renovar su iluminación
El Arco de Fernán González vuelve a ocupar su lugar en el paisaje monumental de Burgos con una imagen renovada. Tras varios meses de trabajos, la restauración del monumento ha concluido y la construcción luce ya libre de andamios, con sus elementos arquitectónicos y decorativos recuperados y una apariencia muy alejada del estado de deterioro que había presentado durante los últimos años.
Levantado en el siglo XVI en memoria de Fernán González, considerado tradicionalmente el fundador de Castilla, el arco se encuentra en el lugar que habría ocupado la casa del conde, destruida por un incendio. La construcción fue promovida por el Ayuntamiento de Burgos y ejecutada por Juan Ortega de Castañeda, después de recibir la aprobación de Felipe II.
El paso del tiempo había dejado una huella especialmente visible en el monumento. La vegetación había crecido entre sus elementos, la acumulación de suciedad y guano afectaba a distintas superficies y algunas piezas ornamentales habían sufrido daños hasta el punto de que varias tuvieron que ser retiradas años atrás por motivos de seguridad.
La actuación, promovida por el área municipal de Patrimonio, ha permitido intervenir sobre esas patologías y recuperar la imagen del conjunto. Entre los trabajos se han incluido la limpieza de las superficies, la eliminación de vegetación y restos acumulados, la consolidación de las zonas deterioradas y la reintegración de elementos dañados mediante materiales adecuados para la conservación del monumento.
Uno de los condicionantes de la intervención estuvo precisamente en la parte superior del arco. El nido de cigüeñas instalado en el monumento obligó a esperar hasta que las aves abandonaran la zona para poder acceder a ella y ejecutar los trabajos con garantías.
La restauración ha supuesto también una mejora de la iluminación del monumento, que cuenta ahora con tecnología LED para poner en valor su arquitectura durante las horas nocturnas.
El resultado puede contemplarse ya a pie de calle. Donde durante años fueron visibles las huellas del abandono y el deterioro, vuelve a destacar la piedra limpia y los elementos ornamentales del arco, que recupera así parte de la presencia que corresponde a uno de los monumentos vinculados a la historia de Burgos y de Castilla.
La historia del edificio, además, trasciende su propia función conmemorativa. Desde su construcción, el arco ha servido como escenario y símbolo de distintas celebraciones vinculadas a la historia castellana. Entre ellas se encuentra el Milenario de Castilla de 1943, cuando Burgos acogió los actos conmemorativos y el monumento formó parte de aquella puesta en escena institucional.
Ahora, más de cuatro siglos después de su construcción, el Arco de Fernán González afronta una nueva etapa con su aspecto recuperado. La intervención no modifica la historia que contienen sus piedras, pero sí permite que vuelvan a mostrarse con una dignidad acorde con el lugar que ocupa el monumento en la ciudad.