Una Real Orden de 16 de marzo de 1763 dispuso que todas las lanas del Reino que hubieran de extraerse por las aduanas de Vitoria, Orduña, Valmaseda o el puerto de Santander se registraran y pagaran derecho en la aduana de Burgos. Ocurrió esto en la época de mayor decadencia de la ciudad y se buscó ayudarla por parte del rey Carlos III.