Sin embargo y hasta el momento, según se deriva del uso del primer tramo abierto hace unas semanas, no atiende con solvencia a las necesidades de los viandantes, ni a lo largo de su recorrido, ni en las zonas aledañas. Andando Burgos asegura que el nuevo tramo obliga a los peatones a realizar recorridos más largos de los esperables y a superar, puntualmente, pendientes de excesiva inclinación.
Indica que el diseño de los espacios peatonales obliga a itinerarios truncados innecesariamente por la dotación de espacios ajardinados, mal dispuestos. El colectivo recuerda que por ser errados, nadie deberá extrañarse de que los viandantes materialicen alternativas lógicas de recorrido en la búsqueda de sus trayectorias más cortas a través del césped... por ejemplo, frente al edificio de I+D+I de la Universidad o junto al edificio de Las Rebolledas.
También apunta que hasta el momento, no hay arbolado ni mobiliario urbano que complementen necesariamente la calidad de la zona y mejora de los desplazamientos a pie. Además, durante buena parte del día, la acera oriental es excesivamente sombría al estar situada en una cota más baja que todo el vial y en concreto, por debajo de la vía ciclista que, en su momento, debería haber sido proyectada de forma integrada en la calzada.
Además Andando Burgos manifiesta que cuando se habla de comunicar o conectar no se puede pensar solo en los coches y no se puede obviar que las infraestructuras también deben servir para los medios de transporte más sostenibles, especialmente la marcha a pie.