Lo era ya en las últimas décadas del siglo XIV. Los comerciantes burgaleses estaban asentados a lo largo de las calles que formaban parte del Camino de Santiago y sobre todo en el primer tramo de lo que entonces era la calle de San Llorente, ahora de Fernán González. Los locales que ocupaban dieron esplendor a la ciudad y sobre todo una consideración social no comparable con otra ciudad castellana.