Su actividad se desarrollaba según las reglas impuestas por el Concejo. Los mayores enfrentamientos eran a la hora de fijar los precios de la carnes. No fueron raras las quejas de los concejales por los precios abusivos puestos por los carniceros, llegándose incluso a la prohibición, a alguno de ellos, de ejercer cualquier actividad relacionada con el comercio de productos cárnicos.