Con el verano llegan los baños y, con ellos, los peligros. Estos se recrudecen más aún en aguas abiertas como pueden ser los ríos y los pantanos, más conocidos para los salmantinos. Por todos los peligros que le rodean, se hace esencial seguir unas normas para que el ocio no se acabe convirtiendo en una tragedia que, cada verano, se lleva la vida de varias personas.
Así, la primera condición que ponen todos los expertos en la materia es, precisamente, la de evitar bañarse en zonas de riesgo, es decir, en todas aquellas que no estén catalogadas como aptas para el baño. En ríos de gran caudal, en pozas naturales o bajo cascadas de agua siempre está poco aconsejado hacerlo por las corrientes y remolinos que puedan arrastrar a las personas sin que estas puedan hacer nada por evitarlo.
Por otro lado, hay zonas especialmente peligrosas que suelen avisarse a través de carteles. También es necesario prestar mucha atención a bañarse con un calzado especial para el agua para evitar cortes y heridas. En concreto, los expertos creen que las sandalias de plástico es lo más adecuado para bañarse ya que nunca se sabe qué puede haber debajo del agua.
Lo anterior, además, se recrudece en verano en el que las aguas abiertas alcanzan un mayor grado de contaminación por la suciedad y la turbiedad de las mismas al tratarse de cauces naturales. Asimismo, no es igual bañarse en diferentes alturas del río. Así, en el río de montaña, más frío, se hace más esencial respetar los horarios de digestión y mojarse, antes de entrar del todo, las zonas sensibles. Además, en estas corrientes, es más probable que se produzcan accidentes por lo que se recomienda solo ir a las zonas conocidas o hacerlo acompañado de algún conocedor.
En el caso de que se juegue con flotadores, los expertos recuerdan que es imprescindible no dejarse llevar por las corrientes, y también conocer los riesgos del lugar y dónde está el puesto de socorro o teléfono más próximo. De hecho, en el caso de que finalmente te esté arrastrando, es importante no nadar contra la misma sino intentar nadar paralelamente a la orilla y una vez fuera, acercarse.
En el caso de que no se pueda salir y alguien de fuera lo vea, este no debe entrar de manera inconsciente por el riesgo que conlleva sino que es mejor enviarle algo que flote y buscar ayuda. Además, en el caso de los pantanos, que en Salamanca también son frecuentados, no son para bañarse. Son lugares para, en todo caso, practicar deportes acuáticos pero que para refrescarse son un peligro.