Las últimas décadas del XVII supusieron un descalabro económico en comercio y ganadería. La trashumancia se redujo y otras ciudades peninsulares, como Sevilla, Barcelona o Madrid, quitaron a la capital burgalesa el liderazgo mercantil y comercial. El centralismo madrileño, las sucesivas pestes y crisis de subsistencia en el mundo agrícola y el intento de absolutismo borbónico provocaron el empobrecimiento de Castilla.