Finalmente se pudo comprobar que estas joyas pertenecían a una señora fallecida recientemente y que la familia, que reside en
Madrid, no había detectado su sustracción. Al parecer, un hijo de la señora entregó a unos primos una copia de las llaves de la casa para que recogieran la correspondencia. Las alhajas han sido devueltas a la familia.