Fue abierto durante algún tiempo al paso de los peatones, en el último tercio del siglo pasado merced a una moción del Ayuntamiento, fundamentada en el extraordinario incremento que el tránsito de vehículos había tomado en la calle de la Paloma. A finales del siglo XIX este claustro estaba dividido en diversos compartimentos, en los que había establecidas algunas industrias de menor cuantía. A principios del siglo XX el Cabildo las hizo desaparecer.