Había sido construido en el siglo XIII y llegó al XVIII en estado de total ruina, acentuada por la crecida del Arlanzón de 1769. En ese mismo año, el Maestro Julián de Arbaiza llegó a decir: "..es necesaria su reconstrucción, de nueva planta, así por la ruina que ha perdido mucha parte de él porque lo que existe se halla demolido sin subsistencia .."