Las crónicas dicen que en 1749 había censadas en la capital 17 tabernas. Al parecer, se bebía más de la cuenta. Por aquel año, el corregidor Fernando González de Menchaca comunicó a la ciudad una Real Provisión destinada a impedir que un gran número de vecinos permanecieran de día y de noche en las tabernas y contener escándalos y excesos que ocasionaban la embriaguez.