A principios del XVI se quiso sustituir el viejo reloj por otro en el que habían de difurtar efigies de devoción o de ambiente popular, animadas de movimiento derivado de su maquinaria. En 1519 se presentó al Cabildo un grupo de figuras formado por un fraile y por un muchacho. Al dar las horas, el muchacho era golpeado por el fraile, al mismo tiempo que salía un rótulo con las palabras "despierta y cuenta".