Hasta 1390 era una de las más ricas y pobladas de Castilla, llegando a pagar a Enrique II con motivo de su coronación un millón de maravedíes, cantidad que se repitió al año siguiente. Estas contribuciones extraordinarias dejaron expoliada y exhausta a la comunidad hebrea puesto que también pagaban al Concejo y al Cabildo de la catedral.