Como si de una película se tratara, la muerte tenía (y tiene) un precio. Y además, caro. Al menos así se desprende de los datos ofrecidos por la Organización de Consumidores y Usuarios. Según el informe realizado por la OCU, no solo hay que ahorrar para vivir sino también para morir puesto que un entierro sencillo cuesta de media 3.500 euros.
La cifra supone un 50% de aumento de los precios estudiados entre 2003 y 2013 configurando así un negocio de la muerte en alza. En este sentido, cabe recordar que en 2012 el Gobierno decretó en el verano de 2012 una subida del IVA que afectó, entre otros productos y prestaciones, a los servicios funerarios así como a flores y plantas vivas de carácter ornamental, subiendo su gravamen al 21%.
Según informan desde la Organización, los costes del servicio funerario suelen abarcar los trámites burocráticos, los desplazamientos del coche funerario, la preparación del cuerpo, los arreglos florales, las esquelas y recordatorios así como el féretro o ataúd, la partida más cara. Un modelo común, sin lujos especiales, cuesta entre 600 y 2.600 euros, aunque la media ronda unos 1.200 euros. Asimismo, el informe recoge los costes de alquiler del tanatorio (por 24 horas, más de 500 euros) o el alquiler de un nicho (entre 100 y 1.500 euros de media).
"La cremación apenas es algo más económica", concluye el estudio. "Los precios de este servicio también varían mucho según la ciudad, y suele tener relación con el coste de su alternativa, la inhumación, en torno a los 650 euros de media. "En algunos casos, las empresas funerarias facilitan un féretro más económico si se opta por la incineración", puntualizan. En total, la OCU estima el gasto del último adiós en 3.500 euros. Un desembolso que amarga aún más el duelo por la pérdida de un ser querido.