El presidente de la Asociación de Directores de Residencias de Castilla y León, Diego Juez, está cabizbajo. La pandemia provocada por el coronavirus ha provocado en España más de 7.300 muertes, muchas de ellas representan la vulnerabilidad de los mayores y sin embargo, la Sanidad les ha "abandonado".
Diego JuezSolo en Castilla y León hay más de 55.000 plazas residenciales y han sido sus trabajadores los que se han implicado para evitar contagios, en unas condiciones poco preparadas para ello y pide respeto antes de acusarles de las defunciones, más aún si estas declaraciones llegan desde un Ministerio.
Si bien los Servicios Sociales les han prestado más atención, Juez considera que la Sanidad se ha olvidado de ellos. No tienen los EPIs necesarios para atender a sus residentes de forma segura y reivindica que no sean considerados como hospitales, ya que "no lo somos".
Burgos ya cuenta con 61 fallecidos y 40 han sido en residencias. Para frenar esta línea ascendente se ha decidido monitorizarlas con el objetivo de contabilizar posibles casos, aislamientos o afecciones.
Con este mismo fin, es necesario que cuenten con test rápidos, para detectar quiénes necesitan ser aislados y evitar más muertes. No solo para los pacientes, afirma, también para los trabajadores, que están expuestos y sin medidas de protección.
Hoy en día carecen de esta herramienta y están con falta de personal, que ha tenido que coger la baja, sin una casuística clara.
Por ello, cree que es tiempo de que las administraciones se hagan cargo de las 360.000 plazas residenciales que hay en España y les hagan llegar los equipos necesarios.
Castilla y León trabaja bien en el ámbito de la dependencia, pero es necesario reforzarse estos días. A los familiares les pide tranquilidad, ya que están atendiendo de la mejor manera posible a los residentes.
Como prueba de ello, explica que antes de la declaración de estado de alarma limitaron las visitas y clausuraron las zonas comunes. A la sociedad también le pide comprensión e insiste en que "no somos los portadores del virus".
Por todo esto, cree que merecen un reconocimiento. Cuando den las 20 horas espera que la ovación de todo un país se acuerde de ellos y aplaudan a un sector abandonado por las administraciones, pero implicado con los más vulnerables.