Puede que no sirva para hacer amigos, pero un nuevo estudio señala que se puede influir en la gente simplemente bajando el tono de voz en los primeros momentos de una conversación.
El estudio, publicado en la revista Journal of Experimental Psychology: General, y recogido por Tendencias21, ha descubierto que las personas cuyas voces bajan de tono desde el principio en una interacción eran más propensas a ser vistas como dominantes e influyentes que aquellas cuyo tono de voz subía al principio de la conversación. Aquellos vistos como dominantes también eran más propensos a convencer a los demás de unirse a sus ideas que los vistos como menos dominantes.
En otro informe basado en los mismos datos, los investigadores encontraron que los participantes dominantes no eran considerados con mayor prestigio, estimados o admirables por sus compañeros, sin embargo. Aquellos juzgados como admirables -pero no dominantes- también tendían a sobresalir en influencia en los demás, observaron los investigadores.
Joey Cheng, profesora de psicología de la Universidad de Illinois (EE.UU.) que dirigió la investigación, con colegas de la Universidad de British Columbia (Canadá) y de Harvard (Boston), explica: "En el pasado, nos hemos centrado mucho en la postura y tendíamos a descuidar cosas como la voz. Pero este estudio muestra claramente que hay algo en la voz que es muy interesante y muy eficaz como canal de comunicación dinámico del estatus".
En el primero de los dos experimentos, 191 participantes (de edades entre 17 y 52 años) tuvieron que ordenar, de forma individual, la importancia de 15 artículos que se les dijo que podrían necesitar para sobrevivir a un desastre en la luna. Luego trabajaron en pequeños grupos con la misma tarea.
Los investigadores grabaron estas interacciones y utilizaron software de análisis de fonética para medir la frecuencia fundamental de cada aseveración. También observaron "cómo las respuestas de una persona convergían con la respuesta final del grupo" como otra manera de medir la influencia, dice Cheng en la información de su universidad.
Los participantes en el estudio y espectadores ajenos a sus interacciones tendían a puntuar a aquellos cuyas voces eran más graves entre su primera y tercera expresión como más dominantes e influyentes que los participantes cuyas voces subían de tono.
Ninguno de los sujetos o los observadores externos era consciente de que el estudio se centraba en la relación entre las señales vocales y el estatus. Aquellos vistos como dominantes y aquellos vistos como prestigiosos eran más influyentes en las interacciones del grupo, dice Cheng.
"De hecho, lo que habíamos visto anteriormente es que ambas estrategias - prestigio y dominancia- correlacionan positivamente con la influencia en el comportamiento", dice. "Ambas son vías eficaces para llegar a eso. Pero sólo el dominio tiene que ver con el miedo y la intimidación, y sólo el dominio está relacionado en este estudio con los cambios en el tono de voz. Cómo cambias tu voz no parece estar relacionado con la cantidad de respeto que ganas".