Adrián pasaba buena parte del día sentado en la calle junto a su perra pidiendo limosna mientras a veces se entretenía tocando la armónica.
Ahora que ya no está, los ciudadanos han querido rendirle un pequeño homenaje con una especie de altar, justo en el lugar en el que se sentaba todos los días.
Allí, los ciudadanos depositan cartas, flores y velas con las que le recuerdan tanto a él, como a su perra Luna.
También su fallecimiento ha tenido un notable repercusión en las redes sociales.