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Los investigadores descubren genes que influyen en la esperanza de vida

Los investigadores descubren genes que influyen en la esperanza de vida

Actualizado 27/03/2016 11:00

No solo los hábitos de vida y los factores medioambientales influyen en nuestra longevidad. Los investigadores de la ETH de Zúrich han identificado 30 genes que afectan al proceso de envejecimiento.

¿Influyen los genes en nuestra esperanza de vida? Si es así, ¿cuáles son los que influyen? Estas son las preguntas que plantearon los investigadores de la Escuela Politécnica Federal (ETH, por sus siglas en alemán) de Zúrich, Suiza, y el consorcio de investigación ?JenAge", con sede en la ciudad alemana de Jena, como parte de un estudio conjunto, que recoge nature.com.

Tras estudiar unos 40.000 genes de ratones, peces cebra y nematodos C. elegans, los científicos pudieron identificar 30 genes que afectan significativamente al proceso de envejecimiento. Para averiguar cuáles de estos genes influyen en el proceso de envejecimiento de tres especies, realizaron una medición de la cantidad de ácido ribonucleico mensajero (ARNm) existente en las células de los animales. En función de la cantidad de transcripciones del ARN monocatenario existentes se puede saber si un gen es o no es especialmente activo.

A lo largo de las diversas etapas de la vida de un organismo, los genes pueden modificar sus niveles de actividad, un proceso que en términos científicos se conoce como regulación positiva o regulación negativa. Michael Ristow, profesor de la ETH, y su equipo de investigadores utilizaron este dato para buscar genes cuya regulación sea exactamente la misma en los tres organismos a lo largo de sus respectivos ciclos de vida: juvenil, adulto y anciano. Como resultado, se llegó a la conclusión de que tales genes están directamente relacionados con el proceso de envejecimiento. Al final del estudio, de los miles de genes investigados, las tres especies solo tenían 30 ?genes del envejecimiento" en común.

De estos 30 genes, el gen Bcat-1 fue el que se identificó como especialmente influyente. Tras realizar una regulación positiva de este gen en ascárides, la esperanza de vida media del animal aumentó en un 25%. ?Este es el efecto más significativo sobre la esperanza de vida que hemos podido medir en nuestros ensayos", explica el profesor Michael Ristow. Asimismo, la lombriz, cuya vida media es de entre 14 a 20 días, permaneció activa durante más tiempo. Esta mejoría se pudo apreciar en parámetros como los pigmentos relacionados con el envejecimiento, la velocidad de movimientos y la frecuencia de reproducción. Según Ristow, todos estos factores habían mejorado.

Mismos efectos en humanos

El presente estudio excluye completamente el impacto en los seres humanos. Sin embargo, en función de los resultados, los investigadores ya están plenamente convencidos de que este mecanismo funciona de un modo similar en nuestros cuerpos. ?Solo hemos buscado esos genes evolutivamente conservados y que, por lo tanto, se hallan en todos los organismos, incluidos los humanos", afirma Ristow, experto en metabolismo energético y coordinador del estudio.

Según el profesor de la ETH, el estudio de seguimiento ya se encuentra en fase de planificación. Sin embargo, Ristow explica que, por razones obvias, este estudio no se podría utilizar para medir la esperanza de vida de los seres humanos dado que excedería significativamente la duración y el presupuesto que se destinarían a un proyecto de investigación. En cambio, sí se analizarían parámetros como el colesterol y los niveles de glucosa en sangre como indicadores significativos del estado de salud de los sujetos sometidos a la prueba.

Según Ristow, un gran número de aminoácidos de cadena ramificada ya se utilizan con fines terapéuticos, como por ejemplo, para tratar afecciones hepáticas o en nutrición deportiva. El objetivo de la investigación no es aumentar aún más la ya larga esperanza de vida de los seres humanos, explica el científico. En vista del desarrollo demográfico y el coste de la atención médica, Ristow cree que no tiene sentido marcarse como objetivo aumentar aún más la esperanza de una vida plagada de enfermedades.

Por el contrario, lo que se pretende es prolongar la salud y la fase activa de la vida. Este tipo de estudios pueden ofrecer importantes datos sobre el proceso de envejecimiento y contribuir de manera significativa a la prevención de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, como la diabetes o la hipertensión. Ristow insiste en que tales logros no solo mejorarán la calidad de vida de las personas mayores, sino que también permitirán reducir considerablemente los costes médicos y sanitarios.