La ciudad de Burgos y varias villas y comunidades más pequeñas de los alrededores, acogieron a los judíos que veían amenazada su integridad por la amenaza musulmana. Así, a muchos de ellos les daban tierras y propiedades con el fin de ir creando una comunidad. Muchos de ellos acabaron, por ejemplo, siendo séquito de Alfonso VI.