El sacristán de Nuestra Señora de Viejarrúa daba los toques de queda en la ciudad haciendo sonar la campaña, en invierno de 9 a 10, y en el verano de 10 a 11 de la noche. A partir de ese momento vecinos concertados con el ayuntamiento se distribuían la vigilancia por sectores, preferentemente los barrios extramuros.