A pesar de que las barracas se San Pedro se trasladarán este año a la calle Laredo en el barrio de Villatoro, los vecinos no tienen previsto resignarse y se muestran con ánimos para emprender movilizaciones y llevar a cabo acciones, que demuestren que están en contra de como el Ayuntamiento trata a un barrio que paga impuestos y que se encuentra abandonado.
Así se ha expresado el presidente del Consejo de Barrio de Villatoro, Sergio Simón que asegura que los vecinos no se niegan a que se pongan las barracas, sino a que se ubiquen en la calle Laredo y se corte la vía natural de salida hacia Santander lo que provocará un aumento del tráfico por el núcleo urbano.
Al respecto, adelanta que la gente tiene "ganas de seguir dando guerra" y admite que un barrio de 1.000 personas "no tiene la misma fuerza que otro como Fuentecillas" y tienen la sensación de que "se van a comer lo que nadie quiere"
Sostiene que el alcalde y desde el Ayuntamiento se ha llevado a cabo una política de "hechos consumados", es decir, que cuando Daniel de la Rosa se reunió con los vecinos ya tenía tomada la decisión, a la vez que admite que no se cree que "se llevara trabajando mucho tiempo en encontrar un lugar idóneo para las barracas, cuando se ha cambiado de opinión tantas veces".
Simón recalca que hay documentos que acreditan a Villatoro como barrio desde el año 1200, siendo uno de los más antiguos de la ciudad. Sin embargo, denuncia que "desde el Ayuntamiento sólo se les tiene en cuenta para pagar impuestos directos como el IBI ó las Basuras, recaudar dinero y no recibir ningún servicio a cambio". Al punto, que ha calculado que el Ayuntamiento de la capital recauda un millón de euros en este concepto, y luego no invierte ni un sólo euro en el barrio.
Sea como fuere y aunque saben que este año van a tener que soportar las barracas cerca de sus casas y sufrir las consiguientes molestias, Simón avisa que el año que viene "no lo van a permitir". Van a exigir que se hagan las cosas bien y con tiempo, a la vez que no se fían de que las barracas estén allí dos o tres años de forma provisional, tal y como les han prometido desde el Ayuntamiento.