Los burgaleses que querían hacerlo tenían que salir fuera de sus murallas. Extramuros podían disfrutar de amplias plantaciones de chopos, sauces y olmos de las cercanías. Las Pastizas o La Quinta eran propiedad del municipio, mientras que El Carmen era de las comunidades religiosas. Algunos viajeros llegaron a decir que "Burgos es una de las ciudades de Castilla donde hay más frondosidad de árboles".