La Ordenanza Municipal dada por este rey decía que tenía que reunirse los martes y los sábados en la Torre de Santa María o en la Catedral. Para que esa reunión tuviera validez debían estar presentes 8 o 10 regidores, un alcalde, el merino y el escribano mayor o uno de sus lugartenientes, debiendo acudir obligatoriamente salvo por enfermedad o ausencia de la ciudad por servicio del Concejo. Fueron títulos vitalicios por lo que llegaron a ser hereditarios.