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Se espera una alta participación en la primera beatificación que se celebra en Burgos

Se espera una alta participación en la primera beatificación que se celebra en Burgos

Actualizado 22/04/2016 19:00
La catedral de Burgos acogerá mañana sábado la primera beatificación que se lleve a cabo en la milenaria historia de la Diócesis. Un acontecimiento que, por novedoso, suscita el interés por conocer cómo será su desarrollo. De esta forma Valentín Palencia, presbítero de esta diócesis, y Donato, Germán, Zacarías y Emilio, cuatro de sus alumnos, asesinados durante la persecución religiosa en España, en 1937, se convertirán en beatos.

Álvaro Tajadura,responsable de Comunicación de la Diócesis de Burgos, ha comentado que la ceremonia comenzará a las 11:00 h y tendrá como escenario la nave central de la Catedral. Se habilitarán pantallas, además, en el resto de capillas, dada una presencia masiva de feligreses. El acto estará presidido por el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos de la Santa Sede, el cardenal Angelo Amato, quien acude a Burgos en representación del papa Francisco. Se desarrollará en el marco de una celebración eucarística a la que asistirán, entre otros, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Ricardo Blázquez, el cardenal Antonio María Rouco Varela, el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas, y el arzobispo emérito, Francisco Gil Hellín.

También han confirmado su asistencia el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, el obispo de Ciudad Rodrigo, el burgalés Raúl Berzosa y el también burgalés y arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Francisco Pérez González. Igualmente participarán los párrocos de las localidades natales de los nuevos beatos, así como sus alcaldes y algunos miembros de sus corporaciones municipales, al igual que los familiares de los mártires.

Será el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez, ordinario de la diócesis donde se celebra la beatificación y donde se instruyó su causa, quien solicite al papa Francisco «se digne inscribir en el número de los beatos a estos siervos de Dios. A continuación, el cardenal Amato dará lectura ?en latín? a la carta apostólica firmada por el papa Francisco en la que el Santo Padre «concede» que los cinco burgaleses «sean llamados, de ahora en adelante, beatos, y que pueda celebrarse su fiesta, cada año, el día quince del mes de enero, para la Diócesis de Burgos. En este sentido, la diferencia entre beato y santo, explica Álvaro Tajadura, está en el culto. El culto al beato se hace en la Diócesis a donde pertenecen, y al santo se hace para la Iglesia Universal.

Álvaro Tajadura resalta la importancia de este acto porque es verdad que ha habido beatos burgaleses, beatificados en Roma, pero se trata de la primera ocasión en la milenaria historia de la Diócesis que un acto de beatificación tiene lugar en Burgos. Éste fue uno de los cambios introducidos por el Papa Benedicto XVI.Siguiendo con los actos, uno de los momentos cumbre será cuando se descubra el cuadro de los nuevos beatos, pintado por el artista burgalés Cándido Pérez Palma, una obra que se expondrá luego en la Iglesia de San Nicolás .Acto seguido, unos diáconos acercarán hasta el altar algunos objetos pertenecientes a los mártires que serán incensados por el representante del Santo Padre. El rito de la beatificación concluirá con unas palabras de agradecimiento de monseñor Herráez Vegas y la entrega de la carta apostólica del cardenal al arzobispo. A continuación, proseguirá la celebración eucarística con normalidad, en la que el cardenal pronunciará la homilía. Tras la misa, la asamblea entonará el himno a los nuevos beatos.

Con la ceremonia del sábado, los nuevos beatos podrán ser venerados públicamente en la diócesis y tendrán su propia fiesta litúrgica el 15 de enero.

El responsable de Comunicación de la Diócesis de Burgos, Álvaro Tajadura, ha hablado en Radio Arlanzón sobre Memoria Histórica. En este sentido, como ha expresado ya el arzobispo de Burgos a través de una encíclica, este acto no tiene que dar lugar a la crítica o polémica. La Iglesia también siente el dolor de las familias cuyos seres queridos están enterrados en cunetas, o que han sido fusilados, manifiesta.

Valentín Palencia y sus cuatro alumnos murieron asesinados "por odio a la fe", en el monte Tramalón de Ruiloba, cerca de Suances (Cantabria), el 15 de enero de 1937. Al sacerdote le condenaron por celebrar la Misa y los cuatro jóvenes decidieron por propia iniciativa acompañarlo en el martirio. Sus restos se encuentran en una fosa común del cementerio.