El cannabis sigue su proceso de normalización de facto: las y los jóvenes dicen conocer bien los riesgos derivados de su consumo ?no los frivolizan o banalizan? pero los asumen por las motivaciones que llevan al consumo, por los usos que le dan y los beneficios que perciben al consumirlo, que tienen que ver fundamentalmente con la diversión, la curiosidad o la experiencia grupal.
La mejor expresión de las percepciones normalizadas de la sustancia se evidencia en que más de 7 de cada 10 jóvenes está de acuerdo (sumando acuerdos medios y altos en una escala de 0-10) con que el consumo frecuente de cannabis es menos perjudicial para la salud que el consumo frecuente de alcohol o de tabaco.
Este proceso de normalización provoca que cada vez sean más los y las jóvenes que consideran conveniente o necesario afrontar un proceso regulación del uso terapéutico (55,9%) o incluso lúdico (34,6%), aunque opinan que -en el caso de que se suavizasen las normas de control- supondría que aumenten los problemas (41,4%) y los consumos: casi el 16% dice que lo probaría o lo consumiría más (18,3%).