La ciudad revive una de sus procesiones más queridas, cargada de historia, símbolos y pequeños rituales que marcan el inicio de la Semana Santa
El Domingo de Ramos no es solo una fecha en el calendario litúrgico, es también una de las jornadas más singulares y entrañables de la Semana Santa burgalesa. Desde primera hora, las calles comienzan a llenarse de familias, niños con palmas en la mano y un ambiente que mezcla tradición, curiosidad y expectación.
Uno de los grandes protagonistas del día es el paso de Jesús en la borriquilla, una imagen de mediados del siglo XX procedente de los talleres de arte sacro de Olot. Representa la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, un momento que en Burgos se recrea desde 1949 y que, con el paso de los años, se ha convertido en una de las procesiones más concurridas y queridas, especialmente por los más pequeños.
No es casualidad que esta sea conocida como la procesión de los niños. Muchos estrenan ropa, otros portan palmas decoradas con lazos o dulces, y todos participan de una tradición que pasa de generación en generación. Antes de comenzar el recorrido, uno de los momentos más simbólicos tiene lugar en la Plaza Mayor, donde se bendicen los ramos y palmas, un gesto que recuerda la acogida popular a Jesús en Jerusalén.
El itinerario recorre algunos de los puntos más emblemáticos del centro histórico hasta desembocar en la Catedral, donde se celebra la eucaristía. Pero más allá del recorrido, lo que llama la atención es la mezcla de sonidos -cornetas, tambores y bandas musicales- y la presencia conjunta de cofradías, autoridades y ciudadanos, que convierten la mañana en una auténtica celebración colectiva.
La jornada no termina ahí. Ya por la tarde, el protagonismo pasa a una imagen muy especial, el Santísimo Cristo de Burgos, también conocido como el Cristo de las Santas Gotas. Su procesión, más solemne y recogida, ofrece un contraste con el ambiente matinal y recorre varias calles del centro antes de regresar a la iglesia de San Gil, en una de las estampas más espectaculares del día.
Así, entre palmas, música y tradición, Burgos da la bienvenida a su Semana Santa con una jornada que combina historia, emoción y pequeños detalles que la hacen única cada año.