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José Martínez Rives: profesor, escritor, periodista e investigador

José Martínez Rives: profesor, escritor, periodista e investigador

Actualizado 05/05/2026 12:41

Quizás a muchos burgaleses este nombre no les diga nada pero fue una de las autoridades intelectuales más importante de la historia burgalesa del siglo XIX

Eximio polígrafo, en su dilatada producción literaria abordó casi todas las ramas del saber; unas vinculadas a sus trabajos profesionales y otros a su creación literaria tanto en prosa como en verso.

Madrileño de nacimiento vino a Burgos a una edad temprana, con doce años, donde comenzó su carrera de estudiante en el seminario conciliar de la ciudad porque el arzobispo de Burgos era, en esos momentos, su tío abuelo, Ignacio Rives y Mayor, ocupando dicha sede desde 1832 a 1840 en que muere. Sin acabar sus estudios seminaristas va a Valladolid donde se licencia en Filosofía y Letras en su universidad y, más tarde, en Derecho en la Universidad Central (hoy Complutense) de Madrid.

Perteneció a una familia madrileña distinguida pero de origen catalán; muy distinguida porque, por una parte, desde el punto de vista profesional su bisabuelo (José Queraltó y Jorba) y su abuelo (José Rives y Mayor) fueron cirujanos muy famosos del Real Colegio de Cirugía San Carlos de Madrid (fundado por Carlos III); y por otra, desde el punto de vista cultural, porque su abuelo asistía a las conocidas tertulias de El Parnasillo adonde iban escritores como Larra, Espronceda, Mesonero Romanos, Bretón de los Herreros, Hartzenbusch, abogados, jueces, arquitectos, etc. Incluso en casa del cirujano Rives, la Quinta de Hortaleza, también se hacía tertulias literarias. Muchas de estos aspectos explican el denso acervo cultural de nuestro protagonista.

José Martínez Rives: profesor, escritor, periodista e investigador | Imagen 1

Desde el punto de vista profesional su trabajo se desarrolló en Burgos en dos facetas; una, como catedrático de Geografía e Historia en el Instituto Provincial (hoy Cardenal Mendoza) desde su creación en 1845 hasta su jubilación en 1894 siendo director del mismo desde 1854 a 1864; y otra, como “abogado de pobres” (hoy llamado turno de oficio) defendiendo las causas de los menos favorecidos estando inscrito en el Colegio de Abogados de Burgos del que fue tesorero. Además, fue vocal, secretario y vicepresidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Burgos; y siendo secretario de ella actuaba como director del Museo y de la Biblioteca Provinciales pues dependían de aquella. Eran estos unos trabajos sin sueldos y de mucha dedicación y, a veces, arriesgando mucho como cuando fueron por primera vez al monasterio de Oña para la incautación de las obras de arte, en pleno invierno con nieve y viento y el miedo a encontrarse con una cuadrilla del guerrillero carlista llamado “El Estudiante” que actuaba por esos lares. En esta ocasión iban Rives y su buen amigo Eduardo A. de Bessón y Mestre, también profesor, director del Instituto y miembro de la comisión.

Cuando Martínez Rives llegó a Burgos se integró inmediata y totalmente en el ambiente de la ciudad comenzado a investigar en su historia y su arte. Fue un furibundo defensor de Burgos, de Castilla y sus patrimonios históricos y artísticos. Para ello fue muy conocido su viaje por la provincia, en la primavera y verano de 1845, para visitar los conventos burgaleses estudiando su arquitectura y estilo, su arte escultórico, sus bibliotecas y su historia. Para llevarlo a cabo pidió permiso a la reina Isabel II, permiso que le fue concedido a instancias del gobernador de la provincia. El resultado fue un informe de 77 páginas, escritas a mano por ambas caras que se conserva en el Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Su obra escrita es muy extenasa y en cada una de ellas demuestra grandes conocimientos y una cultura clásica esmerada y profunda. La mayoría de ellas aparecen en el libro dedicado a su biografía que está a punto de publicarse por la Fernán González. Si bien su mentalidad se mantuvo siempre dentro de los parámetros tradicionales, era un gran defensor de los grandes descubrimientos científicos de la época. Además tenía una gran visión de futuro pues avanzaba hechos que se producirán más tarde. Es el caso planteó para llevar a cabo el derribo del palacio arzobispal porque quitaba visibilidad a la catedral, circunstancia que se producirá muchos años más tarde por obra del arquitecto Vicente Lampérez; preconizaba también una universidad para Burgos; quería integrar el Espolón y el Espoloncillo en una rambla dando carácter comercial al proyecto y que sirviese para dignificar en barrio de Vega; planteó el desvío del Arlanzón por detrás del castillo para evitar las conocidas inundaciones; incluso fue inventor de algunos productos como un tipo de betún. En fin, fue un hombre inquieto y con visión de futuro.

Su ingente obra escrita puede dividirse en distintos apartados. En primer lugar, destacan los diversos libros de texto que publicó para uso de sus alumnos y para las asignaturas de Geografía e Historia de España y de Historia Universal; además de las memorias de los cursos que se debía leer a comienzos del siguiente y elaboradas por él cuando fue director del centro. Un segundo capítulo son todos aquellos informes para la comisión provincial de monumentos y los estudios monográficos sobre monumentos burgaleses. Algunos de estos trabajos los publicaba en revistas y periódicos madrileños como el Semanario Pintoresco Español, la Zarzuela y otras. Finalmente están todos los trabajos literarios tanto en prosa como en verso con una temática muy variada destacando aquellos dedicados a los grandes héroes burgaleses y castellanos, a grandes leyendas como la Jura de Santa Gadea o el Castillo de Carazo, a los Alfonsos de Castilla a raíz de la visita a Burgos de Alfonso XII, temas mitológicos, costumbristas, sobre temas vibrantes del momento, sobre la cuestión social (casas para los trabajadores, jerarquías sociales del siglo XIX), etc. Incluso se atrevió a escribir cuatro pequeñas obras de teatro bajo los auspicios del amigo de la familia, Eugenio Hartzenbusch. Precisamente, muchos de sus escritos eran enviados también a Mesonero Romanos y Bretón de los Herreros para que emitiesen juicios de valor sobre ellos. Conocemos algunas de estas cartas.

Pero su obra culminante es la tercera parte del Ingenioso Hidalgo D. Quijote que intentó publicar en cuatro ocasiones con resultados diversos pero incompletos. En el último intento, publicado entre 1879 y 1880 en su revista Fígaro fue el más extenso pero sin poder concluirlo ya que tenía la intención de que D. Quijote y Sancho llegaran a la Villa y Corte pero su trayecto no pasó de la provincia burgalesa. Martínez Rives se nos presenta como un continuador importante de las aventuras de caballero manchego. Martínez Rives consigue trasladar dos personajes del siglo XVII a la realidad de mediados del siglo XIX chocando con esa realidad del momento. Remite en muchas ocasiones a los esquemas de la obra cervantina reproduciendo situaciones pero con interpretaciones personales. Por otra parte, demuestra un ingenio nada común y una capacidad de adaptar los personajes, sin cambiar su idiosincrasia, a los nuevos tiempos utilizando una técnica narrativa que se adecúa perfectamente al texto cervantino. Toda la acción se desarrolla en la provincia de Burgos resucitando a los protagonistas en la cueva de Atapuerca (trasunto de la Cueva de Montesinos) que en aquellos momentos estaba en el candelero por diversas razones. Incorpora escenas con los avances tecnológicos del momento (escenas con los trenes, con el globo aerostático, etc.) ante el asombro de los protagonistas.

Sobre la calidad de su obra, en nuestra modesta opinión, hemos de indicar que su vasta cultura se refleja de manera clara en su extensa obra escrita demostrando unos grandes conocimientos, no sólo de aquellos temas de su especialidad como la historia y el arte, sino de otros temas candentes del momento sobre los avances en la industria, en la agricultura, en las cuestiones sociales, expuestos en aquellos periódicos de su propiedad como el El Civilizador, El Eco Burgalés, Fígaro o El Caballero de la Triste Figura. Había heredado de su tío abuelo, el arzobispo de Burgos, la preocupación por los asuntos sociales, sobre la situación de la clase trabajadora y sus condiciones de vida respondiendo a una inquietud que en Burgos arraigó de manera profunda con personajes muy distinguidos.

Resulta curioso que en la historiografía cultural burgalesa referida al siglo XIX, este personaje haya pasado desapercibido totalmente ante una ingente y cualificada obra escrita. Baste indicar que si D. José murió en 1895, durante treinta años después todavía permanecían en el imaginario burgalés las referencias al viejo profesor, sobre todo en la prensa: el ilustrado y simpático profesor, el inolvidable profesor, uno de los más entusiastas y amantes del pueblo de Burgos, el respetado catedrático, el célebre enciclopedista, etc. No menos sorprendente es la noticia que publica el periódico El Papa Moscas del 27 de mayo de 1917, página 5, en la cual señala lo siguiente: "Del Himno a Castilla cuyas estrofas son muy inspiradas y patrióticas, resulta autor el catedrático de Historia del instituto D. José Martínez Rives".

José Martínez Rives: profesor, escritor, periodista e investigador | Imagen 2

Y como nosotros no somos gente cualificada para profundos, elevados y agudos juicios de valor, sólo queremos recurrir a opiniones de dos incuestionables autoridades del panorama intelectual burgalés que conocieron a Martínez Rives. Domingo Hergueta (1846-1940) en su texto mecanografiado “La Imprenta en Burgos” dice textualmente de Rives al hablar de una de sus obras de teatro: “…es una prueba de la extraordinaria imaginación y fecundidad de este notable escritor”. Y más sorprendente es la opinión de Anselmo Salvá (1849-1922) que trascribimos literalmente de su obra “Burgos a vuela pluma” (1889) cuyos comentarios no tienen desperdicio sobre la etopeya y prosopografía de este relevante personaje:

En la buena literatura (burgalesa), en las bellas letras, se distinguen bastante tres o cuatro personas, y nada más; D. José Martínez Rives, D. Rafael Vega, D. Miguel Setién, don Julio García Quevedo, y algún otro que no recordamos.

El primero es un antiguo catedrático del Instituto, conocidísimo en Burgos y casi tan conocido en Madrid.

Su talento, verdaderamente extraordinario, no admite medida ni ponderación; / p. 133 / su erudición, verdaderamente inverosímil, no admite límite ni obstáculo.

Gran creador de formas literarias, pensador de suma originalidad, estilista fino y elegantísimo, ocurrente, humorista, investigador y crítico, sus obras son inconfundibles, pero a entendidos y a ignorantes sorprenden y preocupan.

Ha publicado periódicos, como El Civilizador y Fi?garo, llenos de intención, de trascendencia, de vis cómica y de galas artísticas, aunque, a veces, algo oscuros o charadescos; obras dramáticas con una acción en extremo interesante, unas escenas de primera fuerza, unos rasgos de indiscutible sublimidad y un diálogo fluido, poético y armoniosísimo; romances en que se reúnen todas las bellezas de la época antigua y todas las bellezas de la época moderna, avalorados, además, con atinadas reflexiones, agudos comentarios y luminosas consecuencias y vestidos con deslumbradores ropajes; y libros de ciencia y arte que ofrecen al análisis las teorías más peregrinas, pero más nuevas y más halagüeñas.

Nada hay de que Rives no pueda hablar con abundancia, finura y gracia, y más si / p. 134 / el tema es de arqueología o epigrafía; pero todo conocimiento, todo principio, toda verdad que pasen por su mente, en ella modifican su forma, tomando perfiles diversos, superficies irisadas y fuerza penetrante, y a veces, alguna sombra de falsedad.

Las doctrinas nuevas le seducen; así es que, al aparecer la democracia, fue demócrata, al nacer el espiritismo, fue espiritista, al nacer el naturalismo, fue? naturalista; y es que, en donde haya ciencia, pensamiento, estudio, movimiento intelectual y, sobre todo, novedad y rareza, allí quiere estar él, aunque el error ande cerca, y se le arrime y le contagie.

Lo que también atrae su atención y sus esfuerzos es la alta literatura, la literatura clásica, por cuyo motivo, cuando se lo propone, escribe en lenguaje tan puro, tan castizo, no sabemos si decir tan arcaico, y en giros tan españoles, que despierta el recuerdo de Saavedra, Mendoza, Cervantes y Fray Luis de León. Y enamorado de ese tesoro nacional, ha llegado hasta a componer una continuación del Quijote, que hizo ruido, sobre todo, en Madrid y en Barcelona, valiente, temeraria, pero de gran inventi- / p. 135 / va y grandes galas, aunque deslucida por la manía de poner versos en prosa.

José Martínez Rives: profesor, escritor, periodista e investigador | Imagen 3

La portentosa fuerza de su imaginación, facultad que domina y se enseñorea sobre su inteligencia, sobre su carácter, sobre su corazón y sobre todo su espíritu, es causa de que muchas veces modifique o altere sus planes a la mitad de la realización, suspenda una obra ya empezada o cambie de doctrina en determinados puntos científicos.

Esa fuerza, por otra parte, se derrama imponente cuando diserta o cuando conversa, llenando su lenguaje de figuras, de comparaciones, de monadas, todo gráfico, bello y original, aunque, a veces, improcedente y aun contraproducente.

Hasta por su figura y por su trato, se distingue del vulgo; una figura delicada y expresiva, con el corte especial de cabeza, el azul de los ojos y lo afilado de las facciones con que se representa a los individuos de la Casa de Austria, y un trato cariñoso, instructivo, aconsejador, con exceso afable y con más exceso todavía de eso que hemos convenido en llamar genialidades.

Es, además, abogado, individuo correspondiente de las RR. Academias de la / p. 136 / Historia y de S. Fernando, miembro de innumerables sociedades científicas y literarias, premiado en no pocos certámenes y muy digno de la consideración que en Burgos disfruta.

Dicha Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, Institución Fernán González, heredera de la vieja Comisión desde 1946, ha querido, para recuperar su memoria, celebrar el 130 aniversario de su muerte con una exposición de treinta y un paneles sobre su vida y obras, expuesta en el Museo de Burgos, del que fue director y que permanecerá abierta hasta finales de mayo. La exposición se completará con la edición, por parte de la Fernán González, de dos libros: uno sobre su vida y obras, de reciente publicación, y otro sobre su libro, El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha. Tercera parte. Por el Bachiller Avellanado con unos comentarios iniciales y notas explicativas, a pie de página, a lo largo del relato. Este trabajo ha sido realizado por los académicos de esta Real Academia Burgense, Mª Luisa Tobar Angulo e Ignacio Ruiz Vélez. Desgraciadamente Mª Luisa nos dejó en febrero del año pasado pero el trabajo ha podido concluirse.