El Instituto Geográfico Nacional presenta una nueva edición cartográfica de la ciudad con más detalle, más memoria y hasta 70 kilómetros de carriles bici
Hay mapas que sirven para no perderse y otros que invitan, directamente, a demorarse. El nuevo plano de Burgos presentado por la Subdelegación del Gobierno y el Instituto Geográfico Nacional (IGN) pertenece claramente a la segunda categoría. Sus responsables lo describen como un trabajo “minucioso”, “artístico”, y casi “de autor”, pero también como una herramienta útil para descubrir una ciudad que no deja de transformarse.
“Tenemos un tesorito”, resume el subdelegado del Gobierno en Burgos, Pedro de la Fuente, durante la presentación oficial. El escenario es el espacio que el IGN mantiene en la Subdelegación, convertido ya en una pequeña ventana permanente a la cartografía pública española. Si hace apenas un año se daba a conocer el mapa provincial, ahora llega una edición centrada en la capital y su entorno, completamente revisada y actualizada.
El plano podrá adquirirse en la Feria del Libro de Burgos a partir del 28 de mayo y también estará disponible en la propia sede de la Subdelegación. Cuesta 3,50 euros en papel, mientras que su versión digital seguirá siendo gratuita.
La obra pertenece a la serie “Ciudades y su entorno” del IGN y reúne un nivel de detalle poco habitual incluso para los estándares cartográficos actuales. La escala es 1:25.000: un milímetro sobre el papel equivale a 25 metros reales. Traducido al lenguaje cotidiano, eso significa que prácticamente todo aparece representado.
“Están todos los carriles bici de la ciudad. Todo”, insiste Juan José Martínez Mayoral, jefe de la unidad provincial, antes de ceder la palabra al principal responsable técnico del proyecto: Germán Gómez, topógrafo del IGN y auténtico apasionado del lenguaje cartográfico.

Porque de pasión fue parte de la presentación. Gómez habla del mapa como quien habla de una novela trabajada durante años. “Esto es un libro de una sola hoja”, explica. “Aquí hay muchas historias contadas: el crecimiento de la ciudad, cómo ha cambiado, lo antiguo y lo nuevo”.
Y precisamente ahí está una de las claves de esta edición: no solo dibuja calles y edificios, sino que cuenta cómo Burgos ha evolucionado. El casco medieval, los ensanches industriales, las nuevas urbanizaciones y los grandes corredores verdes aparecen diferenciados para que el lector entienda la ciudad también desde su historia.
La nueva edición incorpora un 15% más de toponimia -los nombres de lugares y parajes- respecto a la anterior. Gómez asegura haber rastreado incluso cartografía militar antigua para recuperar nombres olvidados. “La toponimia es patrimonio de todos los españoles”, defiende. “En los mapas de España hay escritos once Quijotes en nombres”.
El resultado es un plano donde conviven barrios actuales, antiguas denominaciones, rutas jacobeas, bienes patrimoniales y pequeños rincones que muchos burgaleses quizá nunca habían identificado sobre el papel. Incluso aparecen reflejados antiguos nombres de calles o barriadas modificados por cambios legislativos, acompañados de las nuevas denominaciones para ayudar al lector a orientarse.
“Lo primero que hace alguien cuando abre un mapa es leer”, razona el cartógrafo. “Si cambias todos los nombres sin referencias, la gente se desorienta”.
Pero el nuevo mapa no mira solo al pasado. También retrata un Burgos mucho más verde y conectado. Incluye los 70 kilómetros de carriles bici existentes, la ampliación reciente del bulevar y numerosos espacios naturales que rodean la ciudad. Entre ellos, algunos relativamente desconocidos para buena parte de los propios burgaleses.
Uno de los ejemplos más citados durante la presentación es el humedal de Fuentes Blancas, recientemente recuperado gracias a una intervención ambiental. Pedro de la Fuente lo utiliza como ejemplo perfecto de lo que puede provocar un mapa bien hecho: curiosidad.
No es casualidad que el paisaje tenga tanta presencia en esta edición. Burgos, recuerdan los participantes, es una de las ciudades europeas con más árboles por habitante. El mapa refleja precisamente esa identidad: parques, paseos fluviales, caminos naturales y rutas ciclistas aparecen integrados casi como una segunda red urbana.
También el Camino de Santiago ocupa un lugar destacado. El plano recoge las rutas jacobeas más actualizadas, incluidas algunas menos conocidas, como el Camino Real de Valencia, que entra en Burgos desde el sur. “Hay cinco entradas del Camino de Santiago a la ciudad”, admite sorprendido el propio Martínez Mayoral. “Y algunas ni siquiera las conocíamos bien”.
La presentación ha servido además para reivindicar el papel del Instituto Geográfico Nacional más allá de los mapas tradicionales. Jorge Vicente Gómez, director regional del IGN en Castilla y León, recuerda que el organismo trabaja también en ámbitos como la astronomía y avanza una cita destacada para este año: el primero de los tres eclipses que podrán observarse desde Burgos en los próximos años, un fenómeno para el que la provincia será uno de los mejores lugares de España.
Mientras tanto, la cartografía sigue evolucionando. Gómez explica que el IGN actualiza automáticamente parte de su cartografía cada seis meses gracias a nuevos sistemas digitales, aunque reivindica el valor de estos mapas “manuales” y artesanales. “Esta serie es casi artística”, dice. “Parques naturales, ciudades… son mapas hechos con mucho mimo”.
Tanto, que incluso incorpora elementos todavía en construcción, como las futuras torres del entorno del bulevar. “Me gusta que el mapa no nazca viejo”, reconoce entre risas.
Y quizá ahí esté la paradoja más hermosa de esta nueva edición: aunque un mapa queda técnicamente desactualizado en el mismo instante en que se imprime, sigue teniendo la capacidad de detener el tiempo.
“Coges un mapa y te pierdes”, resume Pedro de la Fuente. “Empiezas a recordar sitios, barrios, rutas… y cuando quieres darte cuenta llevas tres cuartos de hora mirándolo”.