Las imágenes de la madrugada posterior a la final repiten la misma escena que ya se vivió tras las semifinales y reabren el debate sobre el civismo en las celebraciones multitudinarias

La historia se ha repetido. Si tras el pase de España a la final del Mundial la Plaza Mayor ofrecía una imagen desoladora por la gran cantidad de residuos abandonados en el suelo, la conquista del título mundial no ha cambiado el comportamiento de una parte de los aficionados. La madrugada posterior a la gran celebración ha dejado, una vez más, botellas, vasos, latas, bolsas y todo tipo de desperdicios esparcidos por prácticamente toda la plaza.
Las fotografías tomadas tras la fiesta muestran un espacio público completamente cubierto de basura, con residuos acumulados incluso bajo los bancos y repartidos por toda la superficie de la Plaza Mayor, donde miles de personas se congregaron para celebrar el triunfo de la selección española.
Las imágenes vuelven a poner sobre la mesa una realidad que se repite tras muchos eventos multitudinarios en la ciudad. A la alegría por un éxito deportivo histórico le ha seguido una estampa que poco tiene que ver con el respeto por el espacio común y que obliga, una vez más, a un importante dispositivo de limpieza para devolver la normalidad al corazón de la ciudad.
Hace apenas unos días este mismo medio publicaba el llamamiento de un vecino que pedía mayor responsabilidad ciudadana tras la suciedad acumulada después de las semifinales. Entonces recordaba que "los servicios de limpieza no están para recoger la basura que otros deciden dejar en el suelo" y defendía que cada persona debería hacerse cargo de los residuos que genera durante este tipo de celebraciones.
Sin embargo, el mensaje parece no haber calado. Ni el precedente de hace unos días ni las numerosas críticas que generaron aquellas imágenes han evitado que la Plaza Mayor vuelva a convertirse, tras una noche de fiesta, en un gran vertedero improvisado.
La labor de los servicios municipales permitirá, previsiblemente, que en pocas horas la plaza recupere su aspecto habitual. Pero las fotografías vuelven a abrir el debate sobre la necesidad de concienciar a la ciudadanía para que las celebraciones no terminen trasladando el coste de la falta de civismo al conjunto de los vecinos.
Porque celebrar un título mundial es motivo de orgullo colectivo. Mantener limpia la ciudad durante esa celebración también debería serlo.