Los infractores fueron sorprendidos de noche transportando en un vehículo las cabezas con la taxidermia ya realizada
El Seprona de la Guardia Civil ha levantado actas denuncia tras sorprender a dos personas transportando 14 trofeos de corzo (Capreolus capreolus) y dos desmogues en un vehículo; carecían de las autorizaciones y precintos que legalizan su caza, transporte y lícita tenencia.
Los hechos se remontan a meses atrás, cuando el Seprona de Burgos recibe numerosas quejas de diversos titulares de aprovechamientos cinegéticos de la comarca del Arlanza, en relación a la reiterada aparición de corzos muertos sin cabeza, abandonados por los parajes.
Ante la evidente sospecha de prácticas furtivas se iniciaron diversas pesquisas para esclarecer los hechos denunciados; se recabaron numerosos testimonios, se analizó su contenido y se contrastaron las pruebas aportadas por los interesados. Los cuerpos de los animales presentaban un agujero de entrada y salida compatible con el realizado por disparo de arma de fuego.
El seguimiento de este tipo de prácticas prohibidas entraña gran dificultad, por desarrollarse en amplias extensiones de terreno en ocasiones de complicada orografía; los furtivos se mueven en horario nocturno y se desplazan por carreteras secundarias y caminos. Además, no está exento de un riesgo añadido, al realizarse en zonas aisladas y emplear armas de fuego.
El Seprona intensificó los servicios y las vigilancias discretas por los terrenos cinegéticos de esta vasta comarca, ampliando los horarios nocturnos. Fruto de este impulso se obtuvo información, que resultó determinante para el éxito final, al detectar la presencia frecuente de un turismo que se desplazaba de noche por diversas carreteras secundarias de la zona afectada; sus ocupantes habituales procedían de otra Comunidad Autónoma.
Las pesquisas se centraron sobre ellos, siendo interceptado el vehículo una madrugada cuando circulaba por una de las vías de comunicación que transitan entre los acotados de caza de la comarca. Estaba ocupado por los sospechosos, a los que se les requirió para que mostraran el contenido del maletero.
El registro a los equipajes mostró 14 trofeos de corzo (algunos singulares por el tamaño y volumen) ya trabajados en taxidermia y presentados en tablas; estas portaban placas troqueladas con unas iniciales que coincidían con las de sus respectivos nombres y apellidos. Entre sus pertenencias también aparecieron dos desmogues de corzo sin naturalizar.
Las indagaciones siguientes arrojaron que carecían de licencia de caza para Castilla y León, aunque sí poseían permiso de armas y también varias de estas a su nombre; no obstante, no pudieron mostrar -por no poseerla-, la documentación acreditativa de que los corzos habían sido cazados legalmente.
Al carecer de los precintos y sus matrices, que justificaran el abate, su transporte y la lícita tenencia de estos ejemplares, tanto en la modalidad física como en el novedoso formato digital, los trofeos fueron incautados y se levantaron actas denuncias sobre los hechos observados, por infracción, remitidas al Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León en Burgos.
Los precedentes por hechos similares han motivado sanciones que, en base a la valoración de cada ejemplar cazado ilegalmente -como resarcimiento económico por su pérdida y la posterior sanción por infracción a la normativa de caza-, acarrean multas cercanas a los 6.000 euros por cada espécimen.
La Comandancia de Burgos continuará con estas acciones preventivas y de seguimiento -incrementando los controles y las verificaciones-, para erradicar el furtivismo en la provincia, detectar prácticas de caza irregulares y perseguir determinadas actividades ilegales que causan un grave perjuicio económico al medio rural, a los ayuntamientos, juntas vecinales, a los propietarios y gestores de los cotos de caza y a los propios cazadores.
Además de portar la documentación particular, la del arma, seguro, el propio precinto y autorizaciones del titular del terreno cinegético donde se va a cazar, se recuerda el obligado y correcto precintado de la pieza abatida, bien mediante su tradicional modalidad física (precinto de plástico) como por el novedoso sistema telemático en formato digital.
El precinto – en cualquiera de sus formatos físico o digital- legaliza la caza del corzo, determina el terreno cinegético donde ha sido abatido y autoriza su lícito traslado, transporte y tenencia; debe colocarse en la cuerna del cérvido o registrarse mediante la aplicación digital de forma instantánea una vez dado muerte, y siempre antes de moverlo, conforme a lo estipulado en la Ley de Caza de nuestra Comunidad sobre el precintado de piezas de caza.