Los aparcabicicletas tradicionales conviven a escasos metros con los espacios cubiertos y cerrados instalados por el Ayuntamiento para proteger las bicicletas

Burgos cuenta con una red de aparcabicicletas cubiertos y cerrados que pretende facilitar a los usuarios un lugar seguro donde dejar sus bicicletas. Son gratuitos y permanecen abiertos las 24 horas del día durante todo el año, y se han instalado en distintos puntos de la ciudad.
Sin embargo, basta con recorrer algunos de estos emplazamientos para comprobar una curiosa paradoja: los nuevos aparcabicicletas permanecen prácticamente vacíos mientras los aparcabicis tradicionales situados a escasos metros continúan ocupados.
Es lo que muestran las imágenes tomadas en varios de estos puntos de Burgos. Junto a la estructura cerrada, que permite introducir las bicicletas en su interior, varios vehículos permanecen estacionados en los aparcabicis convencionales. Una situación que plantea una pregunta evidente: si ambos cumplen una función similar, ¿por qué uno se utiliza y el otro no?
El sistema de los aparcabicicletas cerrados requiere realizar la gestión mediante el teléfono móvil y la aplicación correspondiente, un paso adicional respecto al sencillo gesto de dejar la bicicleta directamente en una barra convencional. Una posible explicación para que algunos usuarios opten por la alternativa tradicional, aunque el uso real puede responder también a otros factores, como la ubicación, la rapidez o el desconocimiento del funcionamiento del servicio.
La infraestructura cerrada nació precisamente para ofrecer una protección añadida a los ciclistas y evitar que las bicicletas queden expuestas en la vía pública. Pero si los usuarios siguen prefiriendo aparcarlas fuera, la convivencia de ambos sistemas puede acabar convirtiendo parte de esta inversión en una infraestructura infrautilizada.
La estampa deja así una imagen difícil de pasar por alto: un aparcabicis cerrado y preparado para proteger las bicicletas y, justo al lado, otro convencional lleno de ellas. Dos soluciones para una misma necesidad que, a tenor de lo que refleja la calle, no parecen tener el mismo grado de aceptación.