Cáritas ha acompañado a 1.049 personas hasta septiembre y denuncia que la falta de vivienda asequible prolonga las estancias en los recursos de acogida
Tener una cama donde dormir no significa tener un hogar. Ni siquiera contar con un trabajo estable garantiza poder abandonar un albergue y empezar una nueva vida. Es la realidad a la que se enfrentan muchas personas en situación de sinhogarismo en Burgos, donde el acceso a una vivienda digna se ha convertido en una de las principales barreras para recuperar la autonomía personal.
Es el mensaje que trasladan Cáritas Burgos y la Fundación Lesmes con motivo de la campaña ‘Nadie sin Hogar’, que este año reivindica que un hogar es mucho más que un sitio donde vivir: es también un lugar al que pertenecer.
Los datos reflejan la dimensión del problema. Cáritas ha atendido a 1.049 personas en Burgos hasta el 30 de septiembre, con cerca de 9.000 intervenciones y seguimientos. De ellas, 202 han recibido acompañamiento en sus procesos para avanzar hacia una vida autónoma fuera de los recursos de acogida.
El responsable del programa de Personas sin Hogar de Cáritas, David Polo, advierte de que la falta de alternativas residenciales está prolongando unas estancias que, en principio, deberían ser temporales. Algunos recursos que antes permitían iniciar una nueva etapa tras conseguir los primeros ingresos mantienen ahora a sus usuarios durante mucho más tiempo, porque no encuentran siquiera una habitación que puedan pagar.
La situación afecta incluso a personas con empleo, ingresos regulares y ahorros. A los precios elevados se suman las fianzas y las garantías que se exigen para alquilar. Por eso, las entidades reclaman ampliar el parque de vivienda pública y de alquiler social, además de reforzar los apoyos sociales y psicológicos.
En el Centro de Integración Social de la Fundación Lesmes, la ocupación de las plazas disponibles ha sido prácticamente total durante 2026. Hasta mediados de octubre, 61 personas habían pasado por el centro, con una media de 28 usuarios al mes. Entre los perfiles atendidos crecen las personas migrantes, que representan el 36%, y quienes presentan alguna discapacidad o problemas de salud mental.
La coordinadora del centro, Pilar Martínez, también alerta de la dificultad de encontrar una salida residencial para personas que comienzan a trabajar, pero todavía no pueden acreditar los ingresos o las garantías que les exigen los propietarios.
Detrás de las cifras hay historias como la de José Antonio, un ciudadano colombiano que permanece en un albergue de Cáritas. Durante su intervención, ha recordado que estos recursos ofrecen apoyo y seguridad, pero no sustituyen a un hogar propio, y ha pedido colaboración para quienes no tienen dónde vivir.
Las entidades insisten, además, en que el sinhogarismo no debe abordarse como un problema de seguridad, sino de dignidad y de acceso a derechos. Mario Vivanco, delegado de Cáritas Burgos, recuerda que vivir en la calle supone afrontar no solo las inclemencias del tiempo, sino también el miedo, la indiferencia y los prejuicios sociales.
Por ello, la campaña apela tanto a las administraciones como al conjunto de la ciudadanía para construir una respuesta colectiva. Porque salir del sinhogarismo no consiste únicamente en encontrar un techo, sino en recuperar los vínculos, la tranquilidad y la posibilidad de pertenecer a una comunidad.
Con ese objetivo, las entidades han convocado un acto público este viernes, a las once y media de la mañana, en la Plaza Mayor.