Los reyes protegen al comercio burgalés, ello permitió su desarrollo y prosperidad. En el siglo XIII eran práctica habitual los registros, embargos y otras vejaciones a los comerciantes para impedir la exportación de ciertas mercancías y del dinero. En 1299, Fernando IV en una Real Cédula concedía a los mercaderes burgaleses el privilegio de que solo pudieran ser "escudriñados" y embargados a la salida de los reinos.