El Ayuntamiento de Burgos ha comenzado los trabajos de clareo forestal en el Cerro de San Miguel, una actuación destinada a mejorar la seguridad, prevenir incendios y favorecer el crecimiento saludable del arbolado dentro del cinturón verde de la ciudad, según ha explicado el concejal de Medioambiente, Carlos Niño.
Las labores forman parte de un plan de gestión forestal que contempla intervenciones en aproximadamente 250 de las cerca de 450 hectáreas que componen el cinturón verde durante un periodo de cinco años. Hasta el momento, Niño ha señalado que ya se ha actuado en unas 140 hectáreas, principalmente en la zona de La Cartuja, y ahora se intervendrá en alrededor de 15 hectáreas del entorno de El Castillo.
Los trabajos consisten en un clareo selectivo del arbolado para eliminar ejemplares secos, envejecidos o en mal estado, que puedan suponer un riesgo de caída o aumentar la carga de combustible forestal en caso de incendio. En el conjunto del cinturón verde se está retirando entre un 20 y un 25% de los árboles, mientras que en zonas más sensibles la intervención será más moderada, con una reducción estimada de ente el 15 y el 20%.
Durante la primera fase de los trabajos se están utilizando caballos hispano-bretones para retirar la madera, un método tradicional que permite trabajar con mayor cuidado en zonas de ladera y en terrenos delicados, evitando daños en el suelo. Posteriormente, se incorporará maquinaria forestal para continuar con el proceso y retirar los restos.
Por su parte, Pedro Renuncio, responsable del proyecto ha explicado que muchos de estos pinares proceden de repoblaciones realizadas en 1950 y 1960 y que apenas habían recibido tratamientos forestales en décadas, lo que ha provocado “una elevada densidad de árboles y un deterioro progresivo de algunos ejemplares”.
El objetivo de la actuación es sanear la masa forestal, reducir la competencia entre árboles y permitir que los ejemplares más sanos dispongan de más luz y espacio para crecer. Tras el clareo, los troncos principales se retirarán y los restos vegetales serán triturados para integrarlos en el suelo como materia orgánica. Los trabajos se prolongarán aproximadamente durante dos semanas, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.