Los Reyes Católicos prohibieron en 1479 y en 1506, a petición de los vecinos de los barrios altos de la ciudad, edificar fuera de sus muros.
Las calles en el siglo XVI eran estrechas y faltas de luz, especialmente porque los pisos altos de las casas se construían con amplios saledizos, balcones y pasadizos atravesados.