Los recién nacidos dejan de ser inscritos automáticamente con el apellido del progenitor en primer lugar, pudiendo decidirse que sea el de la madre.
Los progenitores deberán ponerse de acuerdo y especificar cuál antepone.
Si los padres no llegan a una decisión, el funcionario del registro fijará el orden atendiendo al interés del menor. Eso se traduce, de acuerdo con el Ministerio de Justicia, en que dependerá de las malsonancias, o del carácter más original o minoritario de cada apellido. En casos irresolubles, se recurrirá a un sorteo o incluso al orden alfabético.