Desde el siglo XII el rio Arlanzón participa activamente en la vida económica de la ciudad con los lavaderos de lanas, situadas en la orilla izquierda de La Isla, así como con su uso para regadío de huertas, pesca, movimiento de molinos y curtido de pieles.
Desde 1524 se vertía al rio, a través de las esguevas, los desperdicios de las pescaderías y carnicerías de la ciudad.