Los años de 1391 a 1395, con la corte real en nuestra ciudad, Burgos fue un hervidero de intrigas, alarmas y dramáticos atentados. En aquel ambiente de revuelta y confusión jugó un papel destacado la reina de Navarra, doña Leonor, tía carnal del rey. Era este, Enrique III, cuya débil complexión no fue obstáculo a un espíritu animoso.
Doña Leonor residía habitualmente en Roa, pero era mujer andariega, siempre dispuesta a la intriga y al fomento del desorden y de la intranquilidad del reino. El rey tuvo que encargarse de meter en cintura a tan revoltosa señora.