El rey Juan I murió a consecuencia de una caída a caballo. Le sucedió, a finales del siglo XIV, su hijo Enrique III. Cristiano de pro, decretó prohibiciones para los hebreos, y por los que muchos se amotinaron o huyeron. Entre las muchas leyes que Enrique III decretó, estaba la prohibición de que los hebreos usaran nombres de cristianos.