Hasta que el coronavirus llegó a nuestras vidas, Frederic Bartumeus (Barcelona, 1973) centraba su trabajo como biólogo y ecólogo computacional en el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) en analizar los patrones de movimiento animal, como el del mosquito tigre, una especie invasora transmisora de enfermedades. Precisamente, Mosquito Alert, una app de ciencia ciudadana impulsada por él, alertó de que esta primavera se registró el mayor número de estos insectos de los últimos cinco años. "Para este año teníamos previsiones preocupantes respecto al dengue", comenta.
Frederic BartumeusSin embargo, la amenaza era otra muy diferente. Así que cuando la pandemia de la COVID-19 se convirtió en el verdadero problema, no dudó en ofrecerse para aportar su experiencia en la transmisión de enfermedades entre vectores animales.
Ahora, Bartumeus coordina, junto con José Javier Ramasco, del Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC-CSIC-UIB), el proyecto Distancia-Covid, que busca entender la evolución de la pandemia y poner en marcha medidas para prevenir su expansión. A pesar de que acaban de hacer públicos los primeros resultados, animan a la ciudadanía a colaborar de forma anónima en su segunda encuesta on line. "Todo este trabajo solo tendrá sentido si logramos completar las siguientes encuestas", destaca.
BartumeusJosé Javier RamascoCon los rebrotes de contagios por COVID-19 que estamos viviendo, el refrán de "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra" parece cobrar nuevo sentido. ¿Nos falla el instinto?Hemos perdido bastante de eso. En el mundo animal, si fallas una vez y tu organismo no es fuerte, no tienes una segunda opción. El mundo que ha generado el hombre provoca que te independices un poco de la selección natural. Nos hemos acostumbrado a vivir muy bien. Luego llega un 'animalito' como es este virus y, por decirlo de alguna manera, vuelves a ser el 'mono desnudo'. El virus nos ha devuelto a la naturaleza. Esto debería hacernos replantear bastantes cosas sobre el trato del hombre al planeta, sobre la globalización y sobre el cambio climático, etc.
¿De dónde surge la idea del proyecto 'Distancia-Covid'?Hasta ahora, existían datos de flujos de movilidad, pero, en el fondo, no sabemos quién contacta con quién, cuáles son los contactos por estructuras de edades, ni su distribución. Es decir, no sabíamos qué probabilidades hay de que una persona contacte con otra persona, o cuántos contactos puede tener esa persona en una semana.
Con Distancia-Covid, queremos demostrar la dificultad que tiene el virus de propagarse cuando hacemos las cosas bien, que sirva de referencia para situaciones como las de ahora, cuando se dan nuevos brotes. La gente piensa que la ciencia y la tecnología son muy sofisticadas, pero, al final, las reglas del juego son muy biológicas y muy sencillas.
¿Cuál es el objetivo de este estudio?Estamos haciendo un mapa cuantitativo a partir de encuestas on line, en las que les preguntamos sobre los contactos que ha mantenido en la última semana, así como por los desplazamientos. La gracia está en que podemos cuantificar mediante funciones matemáticas cuál es la probabilidad media de una persona de tener un contacto con otra en una semana, por ejemplo.
A su vez, esas funciones matemáticas podemos incorporarlas en un modelo epidemiológico, para simular cómo se va a propagar el virus según distintos escenarios. Los datos que estamos obteniendo pueden servir de ayuda en la toma de decisiones de los gestores. Por ejemplo, para decidir, según vayan apareciendo brotes descontrolados, si las medidas restrictivas hay que aplicarlas de forma más generalizada o más concreta en el territorio. Por eso necesitamos los datos de la segunda fase de la encuesta.
¿Qué resultados habéis obtenido en la primera encuesta?En esta primera encuesta, lo que se ha visto muy claro es que hubo un confinamiento. Se refleja muy bien el parón en el número de contactos, con muchas personas cuya media era de cero contactos, algo que se buscaba con esta medida. Se ve también que hubo bastantes personas que promediaron entre uno y 15 contactos en una semana, algo bastante normal. Por contra, casi no aparecen unos pocos individuos que tuviesen muchísimos contactos, más de 50, que son los que podrían generar complicaciones. Puede que en esta segunda oleada de encuestas veamos que hay personas que tienen 50 o 100 contactos a la semana, y esas cosas son las que queremos ir viendo.
Una de las conclusiones más llamativas de esta primera encuesta es que fueron los mayores, y no los jóvenes, quienes más contactos tuvieron durante el confinamiento.
Es algo anecdótico, curioso. En el marco general, aparece reflejado un confinamiento estricto, con muy pocos contactos por parte de todo el mundo. Ya en términos relativos, la gente más joven, de entre 25 y 35 años, tuvo de promedio bastantes menos contactos que la gente de 65, 70 y 80 años. Llama la atención porque justamente dijimos sobre todo a la gente mayor que se quedase en casa, ya que era más vulnerable.
Aunque sea en términos relativos, ¿cómo se puede explicar este fenómeno?Ahí entramos en el aspecto sociológico y cultural de la población española. La gente de 25 o 30 años aún vive en casa de sus padres, otros lo hacen en pisos de estudiantes o compartidos y no tienen necesidad de salir. En cambio, a las personas mayores quizás les cueste más modificar su rutina. Gente que te dice que el abuelo se iba a caminar porque ya no podía más, que tenía que ir a la farmacia o a los centros de salud. Esto no significa necesariamente que se portasen mal o que no hiciesen bien el confinamiento.
Aún así resulta curioso saber que fueron los mayores quienes establecieron más contactos fuera de sus hogares.Hay que ir con cuidado con esto, porque tampoco queremos enfrentar a un sector de la población con otro. Pero sí, los jóvenes se confinaron duramente. Por eso creo que es necesario entender las razones por las cuales las personas de 65 han tenido más contactos. Tampoco se les puede culpabilizar si los contactos que tienen son para acudir al médico, encontrarse con su cuidador, etc. No sabemos exactamente cuál es la razón, pero parece que esos contactos no se produjeron con sus familiares, ya que tendría que haber una coincidencia con los contactos de sus hijos y nietos, con las personas de 25, 30 o 40 años. Y no la hay.
¿Por qué cree que los jóvenes se confinaron tan bien?Creo que se les comunicó y transmitió muy bien que ellos no serían las personas que sufrirían el mayor impacto de esta enfermedad, que tenían que hacer un acto de altruismo porque las personas mayores podían tener muchísimos problemas. También es verdad que a la gente más joven, a los adolescentes, tampoco se les dio mucha opción. El hecho de que consiguiéramos aplanar la curva fue una cuestión de corresponsabilidad.