El Concejo de Burgos puso siempre mucho interés en que las calles estuvieran empedradas. En 1584 había un empleado dedicado en exclusiva a reparar los desperfectos de las calles, con un salario de 18.000 maravedies al año.
El Concejo también compró casas para derribarlas y reformar el trazado urbano.