Después de una extraordinaria etapa de apogeo, desde finales del siglo XV a mediados del XVI, Burgos inició una caída en picado. En el siglo XVIII, en el famoso Catastro del Marqués de la Ensenada puede leerse: "Este pueblo es tan pobre, de pobres de solemnidad y mendicantes, que su número excede a una tercera parte de sus habitantes".