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Las elecciones desde un barrio de Burgos

Las elecciones desde un barrio de Burgos

Actualizado 17/03/2026 19:19

Mi barrio electoral se compone de la Barriada (antes de nombre franquista y ahora evangélico), Villalonquejar, Villagonzalo Arenas y Fuentecillas. El colegio electoral reúne seis mesas, 3 de la barriada y pueblos, más 3 de Fuentecillas, ordenadas por la inicial de los apellidos (a-f, g-m, n-z). Parece sencillo, pero me he tirado desde las nueve de la mañana a las ocho de la tarde explicando dónde votar a electores despistados; cada elección se organiza en salas distintas. Estas elecciones son extrañas, autonómicas sin banderas regionales en los mítines, ni lemas regionales, ni programas concretos. Parecen unas primarias de otras.

Los lectores probablemente ignoran que Burgos es la provincia de Castilla y León en la que el PSOE ha obtenido el mejor resultado. Burgos, Miranda y Aranda son tres de los cinco núcleos industriales más importantes de Castilla y León, hay universidad, y hemos cambiado. Algunos de los hechos que voy a contar son citados por la sociología electoral, pero aquí se sustentan en mi experiencia personal como apoderado.

Para empezar, un clásico: las mujeres votan más a la izquierda que los hombres. En Burgos cuanto mayor es la participación electoral, la izquierda saca un mejor resultado, y ha habido más votos de izquierda que en las europeas pero menos de los que habrá en las generales. En mi barrio electoral el PSOE ha sido el partido más votado en las seis mesas, seguido de PP y VOX. La izquierda (socialistas, Podemos, Sumar, Tierra Comunera) ha estado en torno al 40% de los votos válidos, la derecha (PP, Vox, SALF) en torno al 55%, quedando el 5% para grupos irrelevantes. Para quienes no lo sepan, muchos de éstos venden el censo electoral. Pasta de agencias publicitarias disfrazada de mundo justo, escaños en blanco o ciudadanía.

Voy a intentar clasificar en términos taxonómicos a los electores, sabiendo que describo mayorías, y que cada norma tiene excepciones. En el PSOE, en términos sociológicos son familias jóvenes con hijos, trabajadores industriales en activo o jubilados, docentes y profesionales de enfermería, miembros de ONGs, trabajadores sociales. Las familias de edad mediana acompañadas en el momento electoral de sus hijos (que votan casi siempre como los padres) se reparten entre el PP y el PSOE a partes casi iguales. En la barriada, los residentes más antiguos son más proclives a la derecha. Quienes han empezado a vivir a partir de la democracia, más proclives a la izquierda.

Los electores del PP son familias de médicos, profesionales de la justicia, policía nacional y guardia civil, administrativos, cargos intermedios de las empresas, agricultores, dueños de negocios, además de los ya comentados. Es curioso que, como muchos policías y guardias civiles votan por correo cuando se abren las urnas, si los sobres no se han revuelto, en los primeros predomina la derecha, aunque las papeletas de los miembros de las mesas diversifican esta primera remesa.

Los electores de VOX son familias conservadoras que han abandonado al PP reviviendo su franquismo originario, o por un integrismo religioso convencional, muy distinto al de los miembros de ONGs religiosas de izquierda; transportistas (siempre ha existido simbiosis entre el transporte y la extrema derecha), familias en las que el marido manda e indica taxativamente a una pareja obediente “a VOX”. Como curiosidad, un grupo de partidarios de VOX y Se Acabó La Fiesta son los varones solterones, lo que en eusquera llaman multizahar, que exhiben su resentimiento al feminismo y al papel preponderante de las mujeres en muchos ámbitos sociales.

Es muy curioso en este sentido como votan las chicas y chicos jóvenes que no acuden con su familia. Yo ya estoy en una edad en la que todos y todas las jóvenes me parecen guapos y guapas, pero hay diferencias. Ellas, mejor vestidas, normalmente en la universidad, son votantes socialistas en su mayoría. Los chicos, más descuidados en estudios y aspecto, si no han entrado en la Universidad, son votantes de VOX, adversarios de la inmigración y de los impuestos. Los alumnos varones universitarios son votantes del PP, o en menor medida de la izquierda. Las elecciones cambian o mantienen los gobiernos, pero no hacen a la gente más inteligente ni ayudan a ligar. Quienes votan a la extrema derecha imaginando un mundo feliz, en el que los varones peores estudiantes obtienen los empleos públicos, las mujeres se quedan en casa, nunca denuncian agresiones, y se pagan menos impuestos, lo tienen claro, pobrecitos.

Y al final ¿Qué queda? Pues un barrio de Burgos en el que apoderados e interventores de todos los partidos nos dejamos copiar las actas de escrutinio y hablamos de rugby, de baloncesto, del tiempo o del asfaltado de las calles. Un espectáculo curioso para conocernos mejor.