Durante el reinado de Alfonso VI se celebró en la capital burgalesa un solemne concilio para resolver la cuestión del cambio de rito litúrgico para toda Castilla. Se celebró entre los días 6 y 22 de abril de 1080. Vista la resolución del Concilio, el rey ordenó que desde el primero de mayo del mismo año se observase en todo el Reino el rito romano en vez del visigodo.